martes, 13 de mayo de 2014

Antennae



Lo dicen los astrónomos: que estrellas 
que hoy vibran a años luz la una de la otra,
se rozarán un día y llegarán 
también a fusionarse.
Lo explican con razones 
altamente científicas
y su veracidad no ofrece dudas.

Pero tú y yo, tan cerca, 
dos simas compartiendo el mismo amargo centro,
ni siquiera podremos vernos nunca.
Y no hay ciencia que explique el despropósito.

martes, 17 de enero de 2012

Acuerdo tácito




¿De este acuerdo sin firma a pie de página

quién de nosotros sacará partido?

Me seguirás mintiendo

y con esos tequieros

que ayer eran cosquillas a tu gato

remendarás sin pena los pedazos

de la amante que has roto.

Me veré en el espejo

con mi cara de amiga recién inaugurada

camuflando verdades

y bajo la flamante sonrisa sin rencores

bullirán cicatrices.

Fingiré… ya no importa

que me hayas arrancado mi forma de quererte,

porque me dejas ésta,

a juego con tu vida,

como un sillón gastado y confortable.



¡Qué placentero rito el que me ofreces!

Enredarme en el tiempo de tu ovillo

con las uñas limadas. Y tú, a salvo.

Lo siento, no me basta.

(Y aun así -¡qué vergüenza!-me conformo).

lunes, 21 de noviembre de 2011

Penelopiana




Cuando acabe el tapiz de nuestro sueño
y ya no quede tiempo de deshacer las hebras
de las horas perdidas,
no habremos desgastado las caricias
ni el vino del amor, ni los disparos,
aún latirá un dolor sin consumirse.
Tampoco la entelequia de los besos
se encontrará en estado de rutina,
no habremos hecho patria en los cajones
ni propiciado ajenas descendencias,
así que en ese día
no me hallará planchando tus camisas
ni bautizando gatos,
cuando la muerte venga a pedir lo que es suyo,
este armazón manchado de sombra y cicatrices,
yo la estaré aguardando
a salvo en el susurro de tus versos,
tendida en la guarida de tu nombre,
cantando la alegría de esperarte.

lunes, 20 de abril de 2009

Canto final





Así de antojadizos son los pájaros.

Se posó en tu mañana,
comió del pan caliente de tus manos
y anidó en la cornisa de tus ojos.

No alientes tu dolor si alza su vuelo;
será el legado último, pues al abrir las alas,
también te habrá entregado su belleza;
y aunque después se marche -tan solo como libre-,
no juzgues su egoísmo,
fue tuyo mucho más que el poseerlo:
te amó con cada ensayo de su canto.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Afasia

Hace días que olvido ciertas cosas,

como enlazar palabras en poemas,

que se seca el calor de mi lenguaje,

que mi dialecto no lo entiende nadie.

Hace días que encuentro entre los libros

impresas casi todas mis ideas,

que trato de escribir, y no es posible,

que la deleble tinta es una sombra

que hace enturbiar la cal de mi cuaderno.

Hace días que no sé lo que digo,

que mi lengua es la carne torpe y lenta

que enmudece los surcos de mi aliento.

Hace días que expreso este silencio

en el que habitan todos los idiomas.

No sé que extraño mal me está atacando

que ya no sé decir ni cómo te amo.

miércoles, 25 de junio de 2008

Y sin saber ni cómo

Te levantas un día
y sin saber ni cómo,
te han crecido dos alas
encima de los ojos;
se van por la ventana
como gorriones locos
en busca de su nido,
y puedes ver aquello
que antes te era lejano.
Su vaporoso vuelo
va aplacando distancias
y el firmamento entero
se te entrega sumiso,
y lo cruzas cantando
hasta esos otros ojos
abiertos de esperarte.
Los miras y te miran
y en el aire se encienden
como luz las palabras,
preclaras, sin adornos…
Hoy, ahora, te amo.

martes, 3 de junio de 2008

¡Adiós a los telares!

Cada vez que un hombre
me abandona
me vuelvo más hermosa.
Más hermosa...

Maram Al_masri


Y que tú no sospeches mi presencia,
y te sientas a salvo
en esa fortaleza sin deseos
donde el plomo te ajusta los zapatos;
que ni tengas siquiera una caricia
bajo la piel cubierta de armaduras
que te oprime los dedos;
que la seguridad te vuelva manso
y el tiempo te envenene de nostalgia.

Yo desde los escombros de tu pérdida
sembraré nuevos mundos más propicios,
en los que Ulises nunca pierda el norte.

¡Adiós a los telares!

Yo ya pagué por tantas odiseas,
me supe desnudar como una diosa
y amar al más mortal de los cobardes.

Mi castigo es el peso de mi llanto,
y que la pena no me vuelve bella.