lunes, 20 de abril de 2009

Canto final





Así de antojadizos son los pájaros.

Se posó en tu mañana,
comió del pan caliente de tus manos
y anidó en la cornisa de tus ojos.

No alientes tu dolor si alza su vuelo;
será el legado último, pues al abrir las alas,
también te habrá entregado su belleza;
y aunque después se marche -tan solo como libre-,
no juzgues su egoísmo,
fue tuyo mucho más que el poseerlo:
te amó con cada ensayo de su canto.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Afasia

Hace días que olvido ciertas cosas,

como enlazar palabras en poemas,

que se seca el calor de mi lenguaje,

que mi dialecto no lo entiende nadie.

Hace días que encuentro entre los libros

impresas casi todas mis ideas,

que trato de escribir, y no es posible,

que la deleble tinta es una sombra

que hace enturbiar la cal de mi cuaderno.

Hace días que no sé lo que digo,

que mi lengua es la carne torpe y lenta

que enmudece los surcos de mi aliento.

Hace días que expreso este silencio

en el que habitan todos los idiomas.

No sé que extraño mal me está atacando

que ya no sé decir ni cómo te amo.

miércoles, 25 de junio de 2008

Y sin saber ni cómo

Te levantas un día
y sin saber ni cómo,
te han crecido dos alas
encima de los ojos;
se van por la ventana
como gorriones locos
en busca de su nido,
y puedes ver aquello
que antes te era lejano.
Su vaporoso vuelo
va aplacando distancias
y el firmamento entero
se te entrega sumiso,
y lo cruzas cantando
hasta esos otros ojos
abiertos de esperarte.
Los miras y te miran
y en el aire se encienden
como luz las palabras,
preclaras, sin adornos…
Hoy, ahora, te amo.

martes, 3 de junio de 2008

¡Adiós a los telares!

Cada vez que un hombre
me abandona
me vuelvo más hermosa.
Más hermosa...

Maram Al_masri


Y que tú no sospeches mi presencia,
y te sientas a salvo
en esa fortaleza sin deseos
donde el plomo te ajusta los zapatos;
que ni tengas siquiera una caricia
bajo la piel cubierta de armaduras
que te oprime los dedos;
que la seguridad te vuelva manso
y el tiempo te envenene de nostalgia.

Yo desde los escombros de tu pérdida
sembraré nuevos mundos más propicios,
en los que Ulises nunca pierda el norte.

¡Adiós a los telares!

Yo ya pagué por tantas odiseas,
me supe desnudar como una diosa
y amar al más mortal de los cobardes.

Mi castigo es el peso de mi llanto,
y que la pena no me vuelve bella.

jueves, 22 de mayo de 2008

Ella sabe mirar



Una escritora es esencialmente una espía
Anne Sexton

A Sonia Fides y sus certeros ojos


Sabe bien el zahorí desmenuzar desiertos
y hallar la fuente en el calor más árido.
Siempre discurre el río cerca de quien lo siente.

Ella canta desnuda en los balcones
y enciende los metales de la noche;
- lluvia, fluyes de mí-
dicen los pétalos
de su piel, cuando empapan la lucidez del sueño.

Ella escribe el ahora de lo cierto;
siembra la herida con su voz prodigio,
y arrebatadas huyen las tormentas gramáticas,
arrugadas, vencidas de su espanto
por la bendita luz de la metáfora.

Ella explora el camino de sus pasos,
no la aturde el clamor de los silencios
y desarma la sombra con su estilete -rayo
de palabras-.
Sus ojos son verdades
que desmienten a todos los fantasmas.

Ella sabe mirar y ser mirada.

martes, 13 de mayo de 2008

Fundido a negro

Foto: Juan Francisco Belmar



Estaba todo claro en nuestro llanto,
tu idilio con el mar, mi sol oscuro,
la sombra del futuro yendo a solas
a beber de los charcos de la vida que fuimos.
Cuánta espuma de mí, vuelta fracaso,
volcaba un ultimísimo te quiero
sobre el acantilado de las horas.
Cuánto jirón de tiempo, consumido en desdicha,
se me vino a los años.
Porque tú estabas lleno de verdades
afiladas y exactas,
y amargamente supe que hay derrotas
anunciadas como un día siguiente,
y que el dolor es más que un apellido
cuando revienta el pecho,
y que el amor no crece con palabras
aunque inventen poemas.
Y que nada le importa a los caminos
que los llenen de muertos.


viernes, 2 de mayo de 2008

Nada que decir


No tengo nada que decir a nadie,
pero busco el silencio,
y el silencio se escapa
por la puerta entornada de la noche.
Unos gatos dispersan sus maullidos
entre las espirales de mi mente
-cascabeles en fuga
para mi mano hastiada de escribirme-,
sobre la mesa un libro que me llama,
cartas por responder,
y un cestillo de enseres que requiere
más limpieza y más orden;
“siempre hay tanto que hacer en una casa...”
-me decía mi madre-,
pero ahora no puedo distraerme
de la razón del alma.
Algo dentro de mí toma las riendas,
una necesidad inevitable
de copiar esta imagen, de retener fragmentos
que ya no volverán a repetirse.
Y cuento en las paredes el peso de mi sombra,
la equidad de los días
y esa armonía antigua que revela
el preludio a la muerte.
La luz hierve en el borde de mis ojos
y al fin la soledad se vuelve lenta.
Va remitiendo el miedo.
Todo está preparado para el sueño;
a qué perder el tiempo con poemas
si a nadie tengo nada que decir.